Inclusión de la energía en un acuerdo mundial
Björn Stigson
Presidente del Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible
La energía, y nuestro acceso a ella, forman parte fundamental de nuestras vidas. Sin ella,
sobrevivimos a duras penas; con ella, las sociedades prosperan y crecen, y se hacen cada vez más
dependientes de un suministro de energía abundante. La energía es el principal requisito para
la expansión económica, que impulsa el crecimiento y el desarrollo social. En la actualidad,
1.000 millones de personas que viven en países desarrollados consumen la mitad del suministro
mundial de energía, mientras que 1.600 millones de personas no tienen acceso a la
electricidad.
La energía es imprescindible para el sector de los combustibles, la infraestructura eléctrica
y la vinculación de los bienes y servicios con los mercados. Las comunidades la necesitan para
servicios básicos como la calefacción y el alumbrado y para cocinar. No cabe la menor duda de
que mientras algunos no tienen electricidad en forma suficiente, otros la derrochan. Para el año
2050, la demanda mundial de energía podría duplicarse a medida que aumente la
población y los países en desarrollo traten de mejorar el nivel de vida de sus habitantes.
Esta demanda creciente de energía, si no se controla, provocará un aumento de las emisiones
de gases de efecto invernadero. Esta es la razón por la que el cambio climático constituye
una prioridad para los gobiernos de todo el mundo.
La forma en que utilicemos y consigamos la energía en el futuro es trascendental, en un momento en
que el mundo trata de encontrar soluciones para el cambio climático que fomenten el desarrollo
económico y social sostenible. Para ello, debemos reducir nuestra dependencia de los combustibles
fósiles. Estoy convencido de que gran parte de la solución de los problemas del cambio
climático dependerá del acierto y la rapidez con que podamos mejorar nuestra eficiencia
energética, desarrollar fuentes con bajo nivel de emisiones de carbono y desplegar
tecnologías innovadoras, como la captura y almacenamiento del carbono. Las medidas de eficiencia
energética, según el Organismo Internacional de Energía (OIE), podrían
representar la mitad del potencial de reducir a la mitad las emisiones de dióxido de carbono para
2050. Debemos adoptar todos los medios para aprovechar realmente todo ese potencial.
Las empresas saben que tendrán que soportar una pesada carga en la financiación de la
tecnología energética. De hecho, les corresponde ya la parte del león en los flujos de
inversión y recursos financieros para el desarrollo y despliegue de esas tecnologías. La
secretaría de la CMNUCC ha hecho saber que los recursos disponibles en el marco de la CMNUCC y el
Protocolo de Kyoto no serán suficientes, y el OIE estima que, desde ahora hasta el año 2050,
deberán invertirse hasta 45 billones de dólares en el sistema energético
mundial.
Como todos sabemos, la actual turbulencia financiera mundial ha obligado a las empresas a tratar de
resolver sus propios problemas. No obstante, ello no frenará la inversión en la
búsqueda de soluciones para el cambio climático. Las empresas comprenden que deben intervenir
en este sentido y desean también proteger y preservar su futuro. Si bien las empresas tienen el
personal especializado, los planteamientos estratégicos, la mentalidad innovadora y parte del
capital de inversión que necesitan para avanzar por ese camino, lo que no tienen es claridad de
ideas acerca del régimen climático futuro. Saben que habrá ganadores y perdedores.
Necesitan también tener toda la certeza posible sobre las condiciones en que deberán invertir
para reducir su riesgo de figurar entre los perdedores.
En el Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible colaboramos con unas 200 de las principales
compañías mundiales. Éstas se encuentran en primera línea de los esfuerzos por
impulsar el desarrollo y despliegue tecnológico necesario. Nos dicen que no se está haciendo
lo suficiente para alentar la inversión en la escala y en el plazo necesarios para llevar al mundo
hacia una economía con bajos niveles de emisión de carbono.
Muchas de las tecnologías que se necesitarán están ya disponibles, y todas ellas
serán necesarias en la búsqueda de una solución para el cambio climático. Por
otro lado, se necesitarán también tecnologías nuevas e innovadoras de energía
limpia. Por ello, en el nuevo acuerdo marco deberían incluirse disposiciones que promuevan y
respalden una inversión del reciente descenso mundial de los fondos destinados a
investigación y desarrollo de la energía.
El acuerdo deberá fomentar también un nivel sin precedentes de cooperación
internacional en el frente de las tecnologías, ya que los países y las empresas
deberán mancomunar sus recursos para que las tecnologías puedan intervenir en el mercado con
rapidez. Para “impulsar” el desarrollo de las nuevas tecnologías, se necesitará
cierto nivel de inversión pública, sobre todo en proyectos iniciales de demostración y
despliegue cuando los riesgos y costos pueden resultar demasiado grandes para que las empresas los puedan
soportar por sí solas.
Habrá que mejorar los mecanismos de mercado y crear otros nuevos, con el fin de
“impulsar” estas inversiones en toda la cadena de innovación (descubrimiento,
desarrollo, demostración y despliegue) a fin de generar ingresos y reforzar las corrientes de
inversión hacia los países en desarrollo. Los mercados del carbono deberán
desempeñar un papel importante. Aunque funcionan ya en muchos lugares del mundo, por desgracia no
están consiguiendo todavía financiación en la escala que será necesaria en los
próximos decenios. En el nuevo acuerdo, deberá buscarse un equilibrio entre los sistemas de
topes máximos y crédito, y el objetivo a largo plazo debería ser crear una demanda que
represente un incentivo para el desarrollo de tecnologías que permitan reducciones en gran escala de
las emisiones. En algunos sectores no bastará con fijar el precio del carbono, y se
necesitarán otras respuestas y mecanismos normativos.
Un mecanismo adicional que, en opinión de las empresas, debería alentarse es el de los
acuerdos sectoriales. Éstos estarían conectados con el acuerdo mundial y deberían
centrarse en actividades que reduzcan las emisiones y apoyen las tecnologías y la
financiación dentro de sectores específicos. Debería hacerse especial hincapié
en las mejoras de la eficiencia o en los incentivos para la reducción de las emisiones o, en forma
indirecta, en iniciativas como la inversión en tecnología especializada con bajos niveles de
emisión de carbono para su utilización en el futuro. Estos proyectos podrían ayudar a
los países en desarrollo introduciendo nuevas infraestructuras y tecnologías y, al mismo
tiempo, desarrollado las competencias y conocimientos prácticos necesarios para beneficiarse
plenamente de ellas.
Es mucho lo que queda todavía por hacer antes de la CP 15 de Copenhague en diciembre. Los esfuerzos
deberán orientarse hacia la superación de los obstáculos normativos, institucionales y
financieros a la difusión de las tecnologías energéticas con bajo nivel de emisiones
de carbono en todo el mundo. El fortalecimiento de la protección de los derechos de propiedad
intelectual será un requisito fundamental si se quiere que las empresas inviertan en
innovación en el nivel necesario.
Las empresas comprenden que todos estamos en el mismo barco y quieren continuar trabajando, planificando e
invirtiendo para el futuro. El mundo puede avanzar hacia una economía con bajo nivel de emisiones de
carbono, pero para ello deberá realizar un gran esfuerzo común en Copenhague y en otros
lugares. No podemos permitirnos fracasar.
El WBCSD
El Consejo empresarial mundial para el desarrollo sostenible (WBCSD) es una singular asociación de
alcance mundial dirigida por altos ejecutivos de unas 200 compañías, cuyo objetivo se centra
en la actividad económica y el desarrollo sostenible. El Consejo ofrece a las empresas una
plataforma para explorar el desarrollo sostenible, intercambiar conocimientos, experiencias y
prácticas óptimas y promover la posición de las empresas en relación con esas
cuestiones en diversos foros, en colaboración con los gobiernos y con organizaciones no
gubernamentales e intergubernamentales. Puede encontrarse más información sobre el Consejo en
www.wbcsd.org.