Peter Dunscombe
Presidente del Institutional Investors Group on Climate Change (IIGCC)
|
El clima está cambiando y las inversiones necesarias en mitigación y
adaptación son enormes. El capital del sector privado será crucial para afrontar este
reto, ya que las estimaciones realizadas indican que alrededor del 85% de la inversión total
debe proceder de fuentes privadas, incluidos inversores institucionales como puedan ser los fondos
de pensiones y los fondos soberanos. Entre el 50% y el 60% de estas inversiones deben realizarse en
economías emergentes.
Muchos inversores privados ya están haciendo frente a los riesgos del cambio
climático y aprovechando las oportunidades que plantea. Están integrando cuestiones
climáticas en sus decisiones de inversión, están incluyendo las estrategias
climáticas en sus diálogos con empresas y están considerando oportunidades de
inversión en el uso eficiente de la energía y en la energía renovable.
|
Sin embargo, independientemente de lo comprometidos que parezcan estar los inversores, la inversión
del sector privado no llegará a la escala necesaria para hacer frente eficazmente al cambio
climático si los Gobiernos no proporcionan señales políticas claras y ambiciosas. El
impulsor más importante de la inversión del sector privado en soluciones para el cambio
climático es una política rotunda, estable, transparente y creíble.
Los fondos de pensiones tienen el deber fiduciario de proporcionar la mejor rentabilidad ajustada al riesgo
posible para todas sus carteras. Parte de esta responsabilidad es evaluar los riesgos y oportunidades
asociados al cambio climático y adaptar las estrategias y prácticas de inversión en
consecuencia. Los inversores solo asignarán capital a invertir en la lucha contra el cambio
climático a la escala que hace falta si la política proporciona incentivos claros,
creíbles y continuados. Para que los fondos de pensiones asignen una mayor proporción de sus
inversiones a soluciones para el cambio climático, dichas inversiones deben proporcionar una
rentabilidad ajustada al riesgo parecida a la de otros tipos de inversiones, y en eso influye enormemente
la política climática.
Los inversores institucionales piden con insistencia un mayor diálogo entre los responsables
de formular las políticas y el sector financiero
Por eso es por lo que el Institutional Investors Group on Climate Change (IIGCC) y otros grupos similares
de inversores de diferentes partes del mundo apelaron a los responsables de formular las políticas
para que, en el período previo a la CP15 llegasen a un acuerdo mundial rotundo y vinculante que
estableciese el marco para actuar enérgicamente contra el cambio climático a nivel nacional y
regional. Una lección básica que se puede aprender de la experiencia en energía
renovable en países como Dinamarca, España y Alemania es que, casi sin excepción, solo
se ha atraído la inversión del sector privado en soluciones para el cambio climático
con políticas coherentes y continuadas.
Según se explica resumidamente en la 2010 Investor Statement on Catalysing Investment in a
Low-Carbon Economy (Declaración de inversores en 2010 sobre cómo catalizar la
inversión en una economía basada en un bajo nivel de emisiones de carbono), los inversores
están buscando políticas que pongan un precio adecuado al carbono y aceleren el desarrollo de
los mercados del carbono, así como políticas de energía y de transporte que respalden
el desarrollo del uso eficiente de la energía, la energía renovable, los edificios
ecológicos, los vehículos y los combustibles no contaminantes y la infraestructura de
transporte basada en un bajo nivel de emisiones de carbono.
La importancia de los marcos normativos creíbles y las políticas nacionales basadas en un
bajo nivel de emisiones de carbono para atraer la inversión del sector privado a una escala adecuada
es aplicable tanto a los países en desarrollo como a los desarrollados. En algunas economías
emergentes, los inversores podrían enfrentarse a riesgos adicionales, por ejemplo a una
transparencia más limitada, a la dependencia de terceras partes, a los costes de las transacciones y
a incertidumbres y riesgos financieros y políticos mayores. Eso implica que solo se podrá
acelerar la inversión del sector privado en soluciones para el cambio climático en estos
países si se reducen los niveles de riesgo combinando el desarrollo de las capacidades y las
políticas con la formación de modelos de financiación que atraigan capital privado.
Aprovechamiento de la financiación privada alterando el equilibrio
riesgo-recompensa
Las lecciones que se han podido aprender de otras regiones y de otros esfuerzos de desarrollo
significativos, como el Plan Marshall, la preparación para el acceso a la UE y programas
subnacionales de desarrollo de infraestructura, sugieren que los riesgos asociados a las inversiones en
soluciones para el cambio climático en países en desarrollo se pueden reducir
considerablemente combinando las medidas de elaboración de políticas y de fomento de la
capacidad, e ideando estrategias nacionales o regionales coherentes que sitúen cada proyecto en el
contexto de un plan de desarrollo.
Los mecanismos financieros del sector público deberían diseñarse con vistas a sacar
provecho de la financiación privada y a favorecer las inversiones privadas alterando el equilibrio
riesgo-recompensa. Se podría conseguir con políticas nacionales rotundas y creíbles
que conlleven alianzas entre el sector público y el privado, así como con mecanismos de
financiación pública. Estos últimos deberían basarse todo lo posible en
mecanismos existentes, como las garantías de crédito a la exportación de MIGA/ECA o
los préstamos de los bancos de desarrollo, y se debería evitar cualquier posible
distorsión de las estructuras de mercado tradicionales.
Los inversores están pidiendo un diálogo centrado en la naturaleza y el diseño de
tales medidas entre bancos multilaterales de desarrollo (BMD), instituciones financieras bilaterales e
inversores privados, por ejemplo fondos de pensiones. Es importante adoptar un enfoque flexible que
reconozca que los países están a diferentes niveles de desarrollo; un enfoque que se pueda
adaptar a contextos políticos y financieros muy diferentes y a los requisitos de diferentes tipos de
inversores.
Asimismo, estas medidas deben ser adaptables, para poder revisarlas a medida que los marcos
políticos nacionales son fortalecidos y los mercados del carbono se desarrollan. Los proyectos de
flujo de transacciones a cambio de un nivel bajo de emisiones en los países en desarrollo
mejorarán con la aplicación de políticas nacionales rotundas y creíbles, y a la
hora de diseñar mecanismos de financiación pública habría que tener en cuenta
que la necesidad de dichos mecanismos disminuirá con el tiempo.
Si las políticas son apropiadas, hay dinero disponible
Una prioridad crucial del recientemente establecido Grupo consultivo de alto nivel sobre la
financiación del cambio climático debería ser estudiar cómo se pueden utilizar
los fondos prometidos en virtud del Acuerdo de Copenhague para aprovechar la inversión del sector
privado en países en desarrollo. Los inversores están dispuestos a tomar parte en este
debate, y esperan que el alcance de los fondos acordados en Copenhague quede más claro, ya que las
incertidumbres actuales están dificultando la toma de decisiones de inversión. Existe el
riesgo de que la percepción de que viene «algo nuevo» frene los mercados y/o los impulse
sin querer en una determinada dirección.
Convendría que el grupo consultivo estudiase cómo se podría emplear parte de los 30
000 millones de dólares de financiación inmediata en generar una serie de «ganancias
rápidas». Tal enfoque ayudaría a instituciones financieras internacionales y a
inversores privados pertinentes a formar alianzas centradas en proyectos concretos. Uno de los objetivos
debería ser crear modelos de financiación de aplicación más general, y
proporcionar ejemplos de medidas concretas para mitigar los riesgos, con el fin de aprovechar el dinero del
sector privado que se va a invertir en este campo.
Después estas experiencias se podrían adaptar a otros proyectos en distintos países.
Asimismo, el fondo de financiación inmediata así como el Fondo Verde de Copenhague
deberían ayudar a los países a desarrollar su capacidad, sus políticas y sus
estrategias, lo que a su vez ayudaría a que hubiera flujos de proyectos bien coordinados y bien
diseñados aceptables por los bancos que atrajeran la inversión del sector privado.
Por lo tanto es sumamente importante que el grupo consultivo mantenga un diálogo con la comunidad
financiera sobre cómo acelerar la inversión del sector privado en países en
desarrollo. Si las políticas son apropiadas, hay dinero disponible, incluso a corto plazo.